Camilo Almaraz, un joven y talentoso artista, nos relata la historia de su vida y carrera, en primera persona.

En estos días de confinamiento, he hecho memoria sobre algunos momentos de mi vida, recuerdos que me han acompañado hasta ahora.

Lee también: Jacobo Nitsch, músico comprometido al desarrollo social

Cuando tenía 3 o 4 años aproximadamente, acompañaba a mi mamá a colocar su venta de juguetes, pues fue uno de los muchos trabajos con los que ella llevaba el sustento a nuestra casa.

Camilo ha aprovechado el confinamiento para hacer un repaso a su vida y carrera artística. (Foto: CA)

En otras ocasiones, acompañaba a mi papá a su trabajo como taxista en el aeropuerto. Siempre me gustó apoyarlos en algo, si no estaba ayudando con las ventas o acompañando a mi papá en los viajes con sus clientes, me encontraba en un rincón con un cuaderno y crayones, dibujando, haciendo garabatos o intentando copiar alguna ilustración de un libro o revista.

En la primaria fui un niño aplicado, me encantaban las ciencias naturales, pero odiaba hacer planas con letra cursiva, quizá por eso tengo una letra tan fea. Eso sí, me gustaba hacer representaciones gráficas en cartulinas y maquetas.

Algunos compañeros de la escuela me pedían que les hiciera sus trabajos manuales. De mi mamá aprendí a cobrar por lo que sabía hacer, fue así como aprendí a darle valor económico y emocional a mi talento. Se sentía muy bien ganar algunos quetzales y gratitudes por mi trabajo.

En básicos gané premios de dibujo, y eso hizo interesarme mucho más en las artes plásticas, pero… ¿Dónde podría un joven aprender arte en Guatemala?

Camilo domina varias técnicas artísticas y las entremezcla en sus obras. (Foto: CA)

Almaraz, en busca de desarrollar su talento

Por azares del destino, conocí la Escuela del Cerrito del Carmen y oí a alguien mencionar la Escuela Nacional de Artes Plásticas, ENAP. Para entonces, yo trabajaba en un taller de confección de calzado, cursaba 3ro básico y aprovechaba los domingos en la tarde para salir a dibujar o pintar.

Conforme se acercaba el inicio de año, me sentía más emocionado de entrar a estudiar a la ENAP. Pero mi sorpresa y decepción, fue que a mis padres no les parecía la idea que yo estudiara artes plásticas. Frases como: ¿A qué te vas a dedicar? ¿De qué vas a vivir? ¡Eso no te dejará nada en la vida! Me quitó tanto mi ilusión, que no quise estudiar nada más.

Me toco trabajar. Laboré un tiempo en una pizzería, luego un tiempo en un almacén, donde conocí a mi enemigo el polígrafo. Nunca robé ni tuve intención, pero perfecto no era y no soy.

Tuve una tienda de ricitos y aguas, fui bodeguero, vendedor, y llegué a ser encargado de una zapatería, hasta que la antigua encargada y la supervisora me sacaron del puesto. Por último, trabajé en un almacén de la Sexta, pero ya no quería saber de trabajos que requirieran esfuerzo físico.

Con la plata que ahorré esos años, ingresé a la ENAP en el año 2012. Fueron años felices y satisfactorios, mi vida se resumía en dibujar y pintar. En la biblioteca me mantenía creando. Pero el enamoramiento se acaba, y así como hay cosas buenas, las hay malas y, como en cualquier institución, hay cosas que funcionan a beneficio y conveniencia de unos y con desigualdad para otros.

Desde que inicio sus estudios, Camilo ha buscado insertarse en el mundo del arte, y aunque no ha sido fácil, lo ha logrado. (Foto: CA)

Empieza su sueño en solitario

Llegó un punto que dejé de aprender, entre la falta de maestros y la falta de profesionalismo de otros fui perdiendo el interés y decidí marcharme.

¿Y ahora que haré Almaraz? me preguntaba constantemente. No quería volver a casa convertido en un bueno para nada, así que decidí tomar mis cosas y empezar de cero.

No tengo la foto, pero empecé con un tablero y un colchón, vendiendo mi obra a Q250 aproximadamente, hoy se cotizan por más de 3 mil quetzales.

Entonces salía con mi CV a buscar trabajo, y con mi carpeta a tocar puertas a las galerías; algunas veces regresaba con buenas noticias, otras no, pero eso me empujó a esforzarme cada día.

Hoy, he logrado parte de lo que he soñado tener, he vivido cada instante, cada triunfo y cada derrota y he madurado. Pasé por momentos oscuros en mi vida, ha existido gente mala, como gente buena y de todos he aprendido algo.

El ejemplo de mis padres luchando y ganándose el pan diario con esfuerzo y perseverancia, me enseñó que con constancia, por muy difícil que fueran los tiempos, si tienes un sueño, día a día se puede hacer realidad.

Camilo Almaraz, prueba que con constancia y perseverancia, se alcanzan los sueños. (Foto: CA)

Te invitamos a conocer la edición completa: