Al abordar el tema de las platerías en el Reino de Guatemala, queda relegado a segundo plano, el rol del maestro platero. Generalmente, vienen a la mente las magníficas piezas de plata trabajadas con técnicas heredadas del Viejo Mundo. Pero el rol del maestro platero influyó además en la vida de sus aprendices.

Por: Rossanna Valls

Para regular el trabajo de los talleres existieron como en muchos países europeos y americanos, una serie de ordenanzas. Estas eran leyes que debían cumplirse, y que la mayoría enfocó al control de este escaso material, – la plata-. Al ser explotado en las minas y posteriormente labrado en un taller, generaría un impuesto a la corona; por ello la estricta vigilancia de su proceso era necesaria y requerida por el monarca.

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Pero las ordenanzas de los gremios iban más allá del beneficio económico. Abarcaban incluso la formación de los aprendices que ingresaban al taller de un oficio considerado prestigioso. Pasaban a estar bajo la patria potestad del maestro, quien debía encaminarlos en el manejo de materiales; además, se comprometía a cuidar, alimentar y vestir a su aprendiz.

Marca en una pieza que indica su origen y calidad. (Foto: R.Broll)

Era tal el compromiso, que ambas partes firmaban un acuerdo notarial donde se estipulaba esta entrega del hijo por parte de los padres y el tiempo en el que este joven debería de haber completado su aprendizaje.

Puesto que los aprendices pasarían su adolescencia lejos de sus padres, el acuerdo no podía limitarse a sólo enseñarles, pues en qué momento sino se formaría el carácter de esos jóvenes.

Parte del proceso de aprendizaje con un maestro platero

El maestro platero debía curarle en sus enfermedades mientras que estas no sobrepasaran más de 30 días y mantenerlo apartado de los vicios y las malas compañías. Es una de las preocupaciones que los padres de todos los tiempos parecen tener en ese difícil periodo de la vida de sus hijos y que pasaba a ser responsabilidad del maestro, que también debía de preocuparse porque éste recibiera una doctrina cristiana completa, siendo este punto tan importante, que para poder pasar a oficial, debía presentar un certificado extendido por el párroco que hiciera constar que contaba con esta formación.

Las bellas piezas de platería como esta gallina de la Colección del Museo Popol Vuh de la Universidad Francisco Marroquín, evidencian la calidad del gremio platero de la Guatemala hispánica, en piezas de uso doméstico. (Foto: Colección MPV-UFM)

En estos cuatro o cinco años que duraba la etapa, el maestro debía de formar a un ser humano integral, fungiendo como su tutor, manteniéndolo bajo su techo, regresándolo al taller si éste se escapaba – como diríamos en nuestra época-, para pasar el rato con sus amigos, en cuyo caso parte del castigo sería reponer el tiempo si era merecido, y estaba regulado que en el proceso debía recibir un buen trato pero que podía ser castigado sin que fuera excesivo. Eran raros los casos en los que se rescindía el contrato de aprendizaje por tener el joven malas inclinaciones, puesto que en el fondo todos sabían que esta era la oportunidad de su vida y su futuro dependía del cumplimiento de este acuerdo.

Los maestros plateros, debían dominar varias técnicas, como el repujado, cincelado, calado, sobredorado y otras, pues una sola pieza podía mezclar varias técnicas. (Foto: R.Broll)

Al finalizar su aprendizaje

El aprendiz a su vez debía no sólo aprender, sino respetar y obedecer a su maestro; cumplir sus órdenes, siempre que estas fueran honestas. Así que siempre se veló por la integridad de los jóvenes, pero siendo realistas, debe haber sido un arduo trabajo el de estos maestros; todos conocemos que ésta época de la vida, que la juventud esté naturalmente inclinada a afanarse en el estudio; a no compartir con sus amistades y tener un trato cordial con los adultos y superiores; podríamos decir, que es una utopía.

Los maestros plateros y sus aprendices, debían pasar muchas horas de estudio y práctica, para lograr la excelencia en las bellas piezas que han llegado a nuestros días. Este cáliz muestra la complejidad de su trabajo. (Foto: R.Broll)

Y al final del periodo el maestro debía de graduarlo como perfecto oficial, después de enseñarle bien y cumplidamente, en todo su leal saber y entender y, además, proveerle un juego de sus primeras herramientas y un traje digno, un vestido completo de telas del país, así que es justo reconocer que estos maestros plateros además de pasar a la historia solamente como magistrales artífices, fueron importantes promotores de la educación y formación de la juventud.

La marca en forma de zigzag burilada en las piezas, era una de las marcas de los plateros, de que sus piezas estaban pasadas y probadas como de buena factura. (Foto: R.Broll)

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