El diplomático de las momias
La sorprendente historia del primer coleccionista y egiptólogo español tiene nombre propio: Eduard Toda, diplomático, filántropo catalán, viajero incansable y enamorado de las momias.
Eduardo Toda, fue uno de los testigos privilegiados del hallazgo de la tumba de Senedjem, artesano de la época de Ramsés II, en Deir el-Medina, en la orilla occidental del río Nilo, frente a Luxor, necrópolis de los constructores de tumbas reales.
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Legado extraordinario
Considerado como uno de los pocos europeos de su tiempo que pudo contemplar de primera mano la tumba de Senedjem, al penetrar en una de las cámaras funerarias mejor conservadas y decoradas del Antiguo Egipto. Aquel descubrimiento ofreció un testimonio único de la vida cotidiana de los artesanos que sirvieron a los faraones del Valle de los Reyes (valle de momias).
Eduard Toda donó toda su colección al Estado español en 1887, y al día de hoy constituye el núcleo más importante del fondo egipcio del Museo Arqueológico Nacional (MAN). Documentos, fotografías originales y objetos del ajuar funerario acompañan una muestra que puede visitarse hasta el 5 de octubre de 2025 en el MAN.

El Egipto de Eduard Toda
Bajo el título ‘El Egipto de Eduard Toda. Un viaje al coleccionismo del siglo XIX’, la muestra propone al visitante una inmersión en la historia del coleccionismo arqueológico a través de más de 400 objetos seleccionados entre las más de 1.350 piezas (muchas de ellas encontradas en tumbas de momias), que fueron donadas por este diplomático y humanista catalán al museo estatal en el siglo XIX.
La exposición está comisariada por los egiptólogos Miguel Ángel Molinero Polo y Andrea Rodríguez Valls, quienes han articulado el recorrido museográfico no solo desde el prisma del arte y la arqueología, sino también desde una reflexión sobre el papel del coleccionismo occidental y la apropiación cultural durante la época colonial.
“Eduard Toda no fue un simple coleccionista, sino una figura con una formación humanista profunda, que entendía el valor histórico, estético y simbólico de las piezas”, explica Miguel Ángel Molinero, profesor titular de Egiptología en la Universidad de La Laguna y uno de los responsables del proyecto.

De diplomático en Egipto a primer egiptólogo español
Eduard Toda i Güell (Reus, 1855 – Poblet, 1941) fue un personaje singular. Diplomático, filántropo, orientalista, políglota, escritor y masón, su perfil intelectual destaca en una España que apenas despertaba al estudio sistemático del mundo antiguo. Toda llegó a Egipto en 1884 tras varios años destinado en China, donde despertó su interés por las civilizaciones antiguas y en especial por las momias.
Eduard Toda fue vicecónsul de España en Egipto entre abril de 1884 y marzo de 1886, pero esos dos años que vivió en Egipto resultaron fundamentales para su trayectoria vital y profesional. Su paso por la entonces colonia británica coincidió con un auge del coleccionismo arqueológico propiciado por la flexibilización de las leyes de exportación de antigüedades.
En El Cairo trabó amistad con Gaston Maspero, director del Servicio de Antigüedades, lo que le permitió participar en expediciones arqueológicas por todo el país. Durante ese tiempo, Toda no solo adquirió piezas en mercados locales y excavaciones legales, sino que también visitó templos, necrópolis y tumbas, documentando con fotografías y escritos sus impresiones.

La tumba de Senedjem
El nombre de Eduard Toda quedó ligado para siempre a la tumba de Senedjem, artesano de la época de Ramsés II, descubierta intacta en Deir el-Medina.
Eduard fue uno de los primeros occidentales en entrar en esta tumba, cuya cámara funeraria ha sido parcialmente recreada en esta exposición, en cuyo interior destaca la caja de shabtis de Khabekhnet, una de las joyas del ajuar funerario y pieza central de la muestra.
Asombrados por la calidad de sus pinturas y ajuares, los arqueólogos encargaron a Toda el inventario y el estudio de sus textos. De aquel trabajo nació su libro Son Notem en Tebas (1887), la primera gran monografía española sobre una tumba egipcia.
“No solo coleccionaba, sino que también interpretaba lo que veía con una sensibilidad casi moderna. Fue un adelantado a su tiempo”, apunta la comisaria Andrea Rodríguez Valls, especialista en historia del coleccionismo.
Un legado egipcio para el mundo
La colección egipcia de Toda constituye hoy el núcleo más importante del fondo egipcio del Museo Arqueológico Nacional. Incluye estatuillas (representación de momias), amuletos, fragmentos textiles, papiros, cerámica, instrumentos musicales, objetos de culto, joyas y relieves que abarcan un arco temporal de más de tres mil años, desde la época predinástica (ca. 3500 a. C.) hasta el periodo cristiano-bizantino (siglo VII d. C.).

Muchas de estas piezas se muestran por primera vez al público, tras haber pasado años en los depósitos del museo. La selección se ha complementado con préstamos de instituciones como la Biblioteca Museo Víctor Balaguer (que conserva parte del archivo personal de Toda) y el Museo del Traje, lo que permite ofrecer una lectura completa del contexto histórico y cultural de su actividad coleccionista.
Un coleccionista atípico
La exposición se articula en varios bloques temáticos. El primero de ellos traza un perfil biográfico de Eduard Toda, su formación, su paso por la Escuela Diplomática y sus destinos consulares, con especial atención a Egipto. A través de cartas, manuscritos, libros, retratos y fotografías originales tomadas por él mismo, el visitante descubre la mirada del intelectual catalán sobre el mundo oriental.
Otro bloque se centra en la historia del coleccionismo egipcio en Europa, un fenómeno muy ligado a la expansión colonial, el orientalismo romántico y el nacimiento de la arqueología como disciplina científica. En este sentido, la muestra no esquiva los aspectos más polémicos del coleccionismo decimonónico: la compra de antigüedades sin control científico, el tráfico patrimonial o la apropiación cultural. La museografía plantea así un diálogo entre el pasado y el presente sobre la legitimidad de las colecciones europeas y la necesidad de cooperación con los países de origen.
Un tercer bloque se dedica íntegramente a la tumba de Sennedjem y a la recreación de su cámara funeraria, uno de los espacios más impactantes de la exposición. Gracias a técnicas de escaneo 3D, proyecciones envolventes y una cuidada escenografía, el visitante puede aproximarse al universo simbólico del Antiguo Egipto con un nivel de detalle excepcional.

Sus últimos años
Tras abandonar la carrera diplomática para dedicarse a los negocios, aunque siguió vinculado al mundo académico y cultural entre Egipto y China, sus dos grandes pasiones. Fue miembro de la Real Academia de la Historia, colaborador del Institut d’Estudis Catalans y autor de numerosas obras sobre historia, arte y arqueología.
En su madurez, se retiró al Monasterio de Poblet (Tarragona), donde trabajó en la recuperación del cenobio cisterciense y promovió su restauración y murió en 1941. Su biblioteca personal y su archivo constituyen hoy una fuente de primer orden. En este sentido, la exposición busca reivindicar el carácter humanista de su figura. No fue un mero coleccionista exótico, sino un erudito con conciencia patrimonial.





