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De familia cobanera, Rina Lazo Wasem nació en la Ciudad de Guatemala, el 30 de octubre de 1923, aunque toda su infancia transcurrió en las bellas tierras verapacenses.

Con esa amalgama de culturas, la maya, la alemana y la chapina así creció Rina, como una mujer que se perfilaría polifacética. Traía ese don de querer plasmar aquello que veía, sus vivencias y lo que la impresionaba de las culturas a través de las artes plásticas.

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Por ello, Rina Lazo se inscribió en la Academia de Bellas Artes, hoy Escuela Nacional de Artes Plásticas Rafael Rodríguez Padilla; donde comenzó a formarse y destacó desde un primer instante, logrando asistir al maestro Julio Urruela, en la elaboración de los proyectos de vitrales para el Palacio Nacional.

En sus primeros años junto a Rivera. (Foto: RL)

Su rápido y fértil aprendizaje, le animaron a concursar por una beca ofrecida por el gobierno de Arévalo, con una pintura que aun hoy se encuentra en el Museo Nacional de Arte Moderno. Partió así a la Ciudad de México, y desde la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado La Esmeralda; Rina terminó su formación como artista, surgiría así la muralista.

Rina Lazo, de asistente de Diego Rivera a integrante del movimiento muralista

Fue durante esos años, que Rina Lazo por el contacto con los artistas del movimiento muralista mexicano, logró convertirse en asistente del gran maestro Diego Rivera, interviniendo en muchas de sus más importantes obras, especialmente el mural “Gloriosa Victoria”, que relata la caída del gobierno de Jacobo Árbenz, y donde Rivera la inmortalizó al incluirla en su lienzo.

Gloriosa Victoria, de Diego Rivera, donde Rina Lazo intervino. (Foto: CC)

Desde entonces, Rina se codeó e hizo estrechas amistades con todos los grandes: los Rivera-Kahlo, Siqueiros, Tamayo, Orozco, Mérida, y con Guatemala, no solo tuvo contacto con los grandes sino con aquellos intelectuales que buscaron refugio en tierras aztecas, contra la persecución de su modo de pensar.

Reconocimiento del maestro Rivera para Rina. (Foto: RL)

Rina Lazo encontró el amor en uno de los Fridos, asistente de Frida Kahlo, el maestro Arturo García Bustos. Fue su amor incondicional hasta la muerte, con quien en los años 50´s habían establecido en Guatemala una academia de grabado, que en el poco tiempo que duró, debido a la contrarrevolución de 1954 cerró, pero formó a una generación que impactó en las artes plásticas del país, y aun hoy marca a muchos artistas guatemaltecos.

De la bella y sólida familia que formaron desde 1949, sobrevive una hija, Rina y dos nietos. La maestra enviudó en 2017.

Junto a su esposo, el grabador Arturo García Bustos. (Foto: R.Broll)

El legado de la máxima muralista guatemalteca

Una de las obras más emblemáticas de Rina Lazo son los murales facsimilares de Bonampak, elaborados para el Museo de Antropología de México. Para ello, se trasladó a la selva chiapaneca, estudiando los colores mayas y usándolos para la elaboración de los mismos, lo que constituye un enorme aporte, pues se puede apreciar cómo lucirían en un estado óptimo.

Elaborando las réplicas de Bonampak. (Foto: RL)

Otras obras suyas son “Venerable Abuelo Maíz”, también en el mismo museo; “Tierra Fértil”, que se expone en el MUSAC, en Guatemala; “Venceremos”, obra que acompañó a “Gloriosa Victoria” en su exposición en la Ciudad de Guatemala en 2010. Además mucha pintura y grabado, en colecciones privadas.

Junto a su mural “Tierra Fértil”, en MUSAC, en su última visita a Guatemala. (Foto: R.Broll)

La maestra siempre tuvo firmes sus ideas y convicciones, pero eso no le impidió brindar su amistad y cariño a quienes igualmente se la ofrecieron.

Era una estupenda anfitriona que siempre agasajaba a quienes llegaban a tocar su puerta en la “Casa de la Malinche”, en Coyoacán, impresionante vivienda del siglo XVI. En sus muros el arte vivía y los artefactos arqueológicos de Guatemala y México, compartían espacio con las cerámicas poblanas y antigüeñas guatemaltecas; sólidos muebles mexicanos acogían a textiles guatemaltecos, creando un sincretismo cultural, una fusión cultural a la que Rina siempre llevó a Guatemala en su corazón.

Partida hacia el inframundo

Hace un año, el 1 de noviembre de 2019, Rina dejó el plano físico, para trascender en su obra y legado. Un día antes, aun bailaba entre miles de flores y amigos “Linda Morena”, al son de la marimba. 96 años de una vida fértil, llena de vida y amor a lo que hacía. Su último mural sobre el inframundo maya quedó casi completo: solo faltó su firma.

Feliz, el día antes de su deceso. (Foto: RGL)

Guatemala estuvo junto a Rina en su corazón aun en la distancia, pues en su obra mural siempre la recordó. ¡Amemos a nuestra patria como esta chapina excepcional lo hizo!

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