Tras el rastro de los mayas

La existencia de los mayas demuestra que el llamado Nuevo Mundo no era ni mucho menos nuevo, sino la hoya de una cultura milenaria donde hirvió el alto refinamiento de sus obras artísticas, como los bajorrelieves del Palacio de Palenque y la urna funeraria polícroma representando al difunto sentado sobre la tapa y vestido con los atributos de la divinidad solar Kinich Ahau.

Hacia los años 2000-1000 a. C. los antecesores de los mayas llegaron en pequeñas bandas a las tierras que después serían su hábitat definitivo en el área geográfica del Petén, Guatemala, Yucatán, Honduras y Belice, además de Chiapas y El Salvador.

Lee también: Códices: Misterios de la escritura maya y azteca

Un nuevo destino

Los primeros habitantes se fueron estableciendo en tierras mesoamericanas, procedentes del continente euroasiático, a través del estrecho de Bering, donde encontraron dos cosas, el maíz y los centros ceremoniales.

Aprovecharon bien las culturas predecesoras y llevaron a su máximo cenit ambos elementos, desarrollándose durante casi veinte siglos, hasta el XVII. Su máximo esplendor se produjo durante seis siglos, del 320 al 925 d.C., sobre todo en tierras bajas.

Cartuchos glíficos de carácter calendárico que se muestran en el Museo de América de Madrid. Estos dos debieron formar parte de una serie inicial. Proceden de las excavaciones realizadas por Antonio del Rio en Palenque (1787). Estuco pintado. Cultura maya, periodo clásico tardío (600-900 d.C.). Palenque, México. / EFE

Conocimientos y desarrollo

Su pujante economía, basada en los cultivos del maíz, cucúrbitas y frijoles, permitió la existencia de una clase dirigente y sacerdotal, mandatarios de los centros ceremoniales o centros de gobierno, es decir, las ciudades. Esta clase sacerdotal estaba dedicada completamente al estudio astronómico, calendárico, geométrico y matemático.

Aparecen en esa época los grandes arquitectos que levantan edificaciones piramidales de cerca de cincuenta metros, palacios y templos, como el de Tikal.

Se consolidan los elementos de un arte depurado, superando en belleza al rústico arte olmeca, al que deben sus orígenes. Ciudades como Tikal, Copán, Yaxchilán, Piedras Negras, Palenque y Uaxactún existían ya en 625, y constancia de ello quedó en las estelas de piedra para medir el tiempo que levantaban al paso de cada katún o ciclo de 20 años.

Portaestandarte, símbolo del auge militarista en el postclásico mesoamericano. Piedra. Cultura maya-tolteca (900-1250 d.C.). México. / EFE

Guerras y decadencia

Las guerras tribales, existentes según los frescos de Bonampak, de 775 d.C., no se cree fueran la causa de la ruina simultánea de las ciudades, con la desaparición de las estelas e inscripciones y las pinturas en murales. Las gentes del pueblo permanecen en las aldeas y ocasionalmente regresan a los centros ceremoniales para quemar copal a sus antiguos dioses.

Su decadencia pudo deberse bien a plagas, a fenómenos naturales y climatológicos, a una sublevación social de las clases populares contra los dirigentes, o bien al empuje de ‘los bárbaros del norte’, llegados desde México, que acabaron imponiéndose. En todo caso concluyó el periodo llamado clásico y se inició la llamada “la gran bajada”.

Una de las salas de la exposición permanente del Museo de América de Madrid en la que se muestra parte de los objetos recolectados de la cultura maya. / EFE

Encuentro con otras culturas

Del siglo X al XII se suceden las invasiones mexicanas, como los itzaes, llevando consigo a su dios Quetzalcoatl, serpiente emplumada, aunque pronto se ‘mayaizan’. De ahí resurge la cultura maya, con la hegemonía de ciudades como Mazapán, centro religioso y político, hasta que una sublevación general termina con su poder.

En los siglos XI y XII los mayas fueron dominados por la casta guerrera de un pueblo invasor, los toltecas. Nació así la civilización llamada maya-tolteca. Siguió un periodo de crisis políticas y de revueltas que sumió a los mayas en plena decadencia, preludio de la ocupación de la región por los aztecas.

Entre los mayas se implantó una separación de clases sociales, la dirigente, de familias o dinastías y el pueblo llano que vivía en las aldeas. El orden social establecido permitía el cobro de tributos, la administración de justicia, el orden público y la formación de sacerdotes. Los mismos campesinos podían convertirse en artesanos y constructores. Esculpían, laboraban la fina cerámica, pintaban escenas y figuras en frescos y esculturas, y trabajaban las piedras preciosas, como el jade.

Cabezas como estas decoraban edificios mayas de estilo Puuc. Periodo clásico tardío (600-900 d.C.). Uxmal, México. Se conservan en la exposición permanente del Museo de América de Madrid. / EFE

El legado clásico

El Museo de América con que cuenta la capital de España guarda en sus fondos infinidad de piezas mayas, la mayoría de la época clásica. A ella corresponden las halladas en la ciudad de Palenque, descubiertas en las primeras excavaciones científicas del siglo XVIII.

Algunos bajorrelieves del palacio y de los templos, como las dos losas de inscripciones y ofrendas fundacionales de los principales templos: vasijas y puntas de cuchillos de obsidiana. Entre estas piezas, la más notable, tanto por su composición como por la belleza de su trabajo y por su importancia histórica, es el bajorrelieve correspondiente a una de las patas del trono del soberano del Palenque llamada “Estela de Madrid”.

Figuras de cerámica y vasos polícromos con escenas cortesanas, con glifos (dibujos de figuras de los dioses de los días), u otras decoraciones, como la impresionante urna funeraria polícroma que representa al difunto sentado sobre la tapa y vestido con los atributos de la divinidad solar Kinich Ahau, cuyo rostro aparece modelado en el cuerpo de la vasija. Es sabido que en el área mesoamericana se usaba incinerar a los muertos y hacer reposar sus cenizas en bellas urnas, convertidas en objetos sagrados.

Fuente de cerámica con tres patas sonajas. Muestra el dios el jaguar del lirio acuático. Este dios se viste con la piel del felino, lleva sobre la frente el lirio acuático y sobre los hombros el pañuelo del sacrificio. Cultura maya de 600 a 900 d.C. / EFE

La aparición de América y sus culturas supuso para los habitantes del continente europeo no solo una revelación, sino un gran regalo. Estimuló su codicia, sí, pero también una gran curiosidad por saber cómo eran y cómo vivían esos desconocidos con los que habían compartido el mismo planeta sin saberlo.

Cinco siglos después, se sigue hablando de estos grandes arquitectos mayas, de estos artesanos, de estos quienes fueron, anónimamente, notables artistas sin proponérselo; y se continúa descubriendo su magnífico legado.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Close