Viruela: una enfermedad erradicada de forma inusual

Durante siglos, la viruela no fue solo una enfermedad. Fue una certeza. Nadie preguntaba si aparecería, sino cuándo. Mataba sin distinción de clase, deformaba rostros, dejaba ciegos, arrasaba comunidades enteras y, sobre todo, instalaba una idea brutal en la mente humana: no había nada que hacer.

En un mundo acostumbrado a aceptar el destino como algo inmodificable, la viruela era la prueba de que la naturaleza mandaba y el ser humano obedecía. Hasta que alguien se atrevió a desafiar esa lógica.

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Vivir con el miedo como norma

La viruela acompañó a la humanidad por más de tres mil años. Reyes, campesinos, soldados y niños convivieron con ella como se convive con una amenaza permanente. Sobrevivir no significaba salir ileso. Las cicatrices eran comunes, los rostros marcados una especie de archivo corporal del sufrimiento colectivo.

En muchas culturas, la enfermedad se interpretaba como castigo divino o como prueba inevitable de la existencia. La idea de prevenirla parecía absurda. Curar ya era difícil. Anticiparse, casi impensable.

Panel ilustrado que aparece en el folio 54 del Libro XII del Códice Florentino, compendio del siglo XVI de materiales e información sobre la historia azteca y nahua recopilado por Fray Bernardino de Sahagún. El dibujo muestra a nahuas infectados con viruela. / Bernardino de Sahagún (1499-1590)

Un conocimiento incómodo

Mucho antes de que la ciencia moderna existiera, algunas comunidades habían notado algo extraño. Quienes sobrevivían a la viruela no volvían a enfermar. Esa observación simple, pero poderosa, dio origen a prácticas primitivas conocidas como variolización.

En Asia y África, se inoculaba deliberadamente material de lesiones leves de viruela a personas sanas, con la esperanza de provocar una versión menos mortal de la enfermedad. Era peligroso, sí, pero en un mundo donde la muerte era la norma, el riesgo parecía aceptable.

Ese conocimiento no nació en laboratorios. Nació de la observación, de la experiencia y del error. Como tantas veces en la historia humana.

Edward Jenner

A finales del siglo XVIII, un médico rural inglés llamado Edward Jenner se detuvo a escuchar lo que otros consideraban simple superstición. En las zonas agrícolas circulaba una idea curiosa: las ordeñadoras que contraían viruela vacuna (una enfermedad leve que afectaba al ganado) no enfermaban de viruela humana.

Edward Jenner​ (17 de mayo de 1749-26 de enero de 1823). Edward fue un médico y científico inglés pionero en el concepto de las vacunas y descubridor de la vacuna contra la viruela, la primera vacuna del mundo. Los términos “vacuna” y “vacunación” se derivan de “variolae vaccinae” (‘pústulas de la vaca’), el término ideado por Jenner para denotar la viruela bovina. / John Raphael Smith

En lugar de descartarlo, Jenner se preguntó si ese fenómeno podía explicarse y, más aún, replicarse. En 1796 realizó un experimento que hoy sería éticamente debatible, pero que cambió la historia.

Inoculó a un niño con material de una lesión de viruela vacuna y luego lo expuso a la viruela humana. El niño no enfermó.

Por primera vez, la humanidad no solo reaccionaba ante una enfermedad. La estaba anticipando.

Una idea revolucionaria

La palabra vacuna proviene del latín vacca. No es un detalle menor. Resume una de las revoluciones intelectuales más grandes de la historia: la idea de que el cuerpo podía entrenarse para defenderse antes del ataque.

Este concepto transformó la medicina, pero también la manera en que los seres humanos se percibían a sí mismos. La enfermedad dejaba de ser solo un castigo o un destino. Se convertía en un problema que podía enfrentarse con conocimiento.

No todos celebraron la idea. Hubo rechazo, miedo, teorías conspirativas y oposición religiosa. Vacunarse significaba aceptar que el ser humano podía intervenir en procesos que antes se atribuían exclusivamente a lo divino.

Jenner realizando su primera vacunación en James Phipps, un niño de 8 años. 14 de mayo de 1796. / Wikipedia

Ciencia, poder y desconfianza

A medida que la vacunación se expandió, también lo hizo la resistencia. Algunos veían la vacuna como una imposición del Estado. Otros temían efectos desconocidos. La discusión no era solo médica, era cultural y política.

La historia de la viruela demuestra que la ciencia nunca avanza en el vacío. Avanza en sociedades llenas de miedos, creencias y contradicciones.

El único enemigo que hemos vencido

En 1980, la Organización Mundial de la Salud declaró oficialmente erradicada la viruela. Por primera vez en la historia, la humanidad había eliminado por completo una enfermedad infecciosa.

No fue un triunfo de un país ni de una institución aislada. Fue el resultado de cooperación global, campañas masivas de vacunación y décadas de esfuerzo sostenido. Un recordatorio incómodo de lo que somos capaces de lograr cuando el conocimiento se impone al miedo.

Historieta de 1808 que muestra a Jenner, a Thomas Dimsdale y a George Rose venciendo a los opuestos a la vacunación. / Wikipedia

Más que una vacuna

La vacuna contra la viruela no solo salvó millones de vidas. Cambió la relación entre el ser humano y la enfermedad. Introdujo una idea poderosa: no todo sufrimiento es inevitable.

Desde entonces, la ciencia médica no ha dejado de avanzar, pero esa primera vacuna sigue siendo un punto de quiebre. El momento exacto en el que dejamos de aceptar pasivamente la tragedia y empezamos a imaginar futuros distintos.

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